jueves, 01 de mayo de 2008

MIENTRAS QUE NO AMANEZCA

 Por ti, dolor, estoy donde estoy,

pisando esta tierra;

por mí, estoy donde estoy,

pretendiendo silenciar la lengua

que callarse no puede;

porque, como una trompeta, derriba

los muros inconscientes

en los que yo vivía,

viéndome, dolor, en tal postración

que o me levanto

mirándome cara a cara en tu sol,

o en la nada caigo.

(“Dolor”, apartado 4, de “Me Duele Mi Dolor” )

  

DÉJAME

Déjame que regrese,

no me  cierres las puertas,

deja que de nuevo entre

por tu mirada abierta.


UNA TARDE DE OTOÑO

¿Cuándo amanecerá

y la luz que era mía

de nuevo brillará

dentro del alma mía?

Esa luz que en ti brilla

y luce esplendorosa,

esa luz que fue mía,

tan pura como hermosa,

cuando yo te miraba

y en tus ojos veía

la luz de la mañana,

aunque ya anochecía...

¿Cuándo amanecerá,

amada alma mía,

y de nuevo brillarás

con la luz que era mía?

ESTÁN CERRADAS TODAS LAS VENTANAS

Están cerradas todas las ventanas.

La luz que antes nos era familiar

dentro de nuestra casa,

me dejó de frecuentar.

¿Entonces se cerraron las ventanas?

El ancho patio donde los deseos

pletóricos verdeaban,

de los árboles viejos,

se nos quedó sin su otoñal follaje.

¡Hasta mi limonero cerró sus ramas

y aún sigue sin su traje

de burbujeante savia!

Sí, fue entonces cuando la luz perdió

los ricos matices de todo un día,

cuando mi corazón

tan desigual latía

que el portal del arco iris se encogió,

perdiendo cuatro pétalos de siete,

y yo perdí el amor

como norte y cociente.

 

Están cerradas todas las ventanas.

La casa se nos ha quedado mustia,

vacía de esperanzas

y sin fuerza ninguna;

al trasluz, palidecen los cristales

rememorando su fulgor de antaño,

los muros de corales

pierden su viejo tacto...

La casa agoniza mientras yo muero,

como una hoja llevada por los vientos,

un fútil pensamiento

sin medida ni peso.


NIEBLA INTERIOR

Todo estoy macilento,

mustio, desvencijado,

parezco un cementerio

por todos olvidado.

En la niebla sumido,

recorro mis paseos

buscándome a mi mismo

en los nichos del tiempo,

y hallé unas calaveras

que nada me decían.

Menudeaban las piedras

junto a los hierbajos

en un camino de hiedra

y muros agrietados

por el que yo pasaba

sin saber dónde estaba

ni si lucía el sol,

buscando soluciones

a las viejas preguntas

clavadas en mi nombre

como un rosal de dudas.

El ulular del viento

le prestaba su voz

al crescente silencio

vibrante de emoción

que el recinto llenaba.

Mudo mi sentimiento,

con   la voz susurrada

entre los mausoleos,

creí identificarme;

de los ralos panteones,

buscaban liberarse

 las figuras de histriones

que en ellos habitaban,

para lo cual debían,

con la voz que lograran,

interpretar sus vidas...

La niebla tomó cuerpo

y unas gotas de lluvia

de ella se desprendieron

como pequeñas lunas.

Mis ojos sorprendidos

esa noche se abrieron

en el teatro furtivo

de un vano cementerio.

Los ángeles caídos

ajustar no podían

sus poses de aires fijos

a la rauda agonía

con que el viento pasaba

narrando los quehaceres

que cargados llevaba

a lomos de la muerte.

Húmedas mis mejillas

y mi frente quebrada,

saboreo las espinas

en mi carne clavadas,

cerrado cementerio

de donde huye la vida,

desierto mausoleo

sin ecos de tu risa.


 

FUERA LLUEVE CON RABIA

Encerrado en mi cuarto,

con un folio delante

y la radio escuchando,

es como suelo hallarme.

Fuera llueve con rabia,

como si algo tuvieran

las furibundas aguas

en contra de la tierra.

Ajeno A todo eso, yo

miro folio y ventana;

no se me queda el son

con que canta Rosana...

Y me mira la pluma

y yo la miro a ella;

sobre el papel no surca

ninguno de mis poemas...

 

Fuera llueve con rabia.

¡Ay, si yo la sintiera

brillar en mi mirada,

ay, si algo me moviera!

El folio y la ventana,

muriéndose de risa,

ven como no hay nada:

mi mano está vacía,

no tiene corazón

ni tiene sentimientos,

porque he olvidado el son

con que acabó el concierto.


VERDES PALOMAS BLANCAS

Fondo de color verde

con vuelo de palomas...

Desde aquí pueden verse

con sus alas airosas,

verdes palomas blancas

bajo la lluvia vuelan,

sus plumas desplegadas,

mucho más lejos llegan.

Grises aceras verdes

con ojos soñolientos,

buscan cielos celestes

con sus alas al viento.


MIRÉ A MI ALREDEDOR

Los terrosos caminos,

tan curvos como rectos,

me llevaron a un sitio

que ignoro si era el centro,

donde la oscuridad

se hacía más pesada,

de tanta gravedad

como allí se alcanzaba.

De cómo me llevaron,

sin ninguna osadía,

a sus puertas mis pasos,

decirlo no sabría;

pero allí me encontraba,

perdido en ningún sitio,

en medio de la nada

que era mi laberinto.

Miré a mi alrededor

y solo vi la noche,

miré en mi corazón

y crujieron los goznes

sobre los que giraron

desvencijadas puertas

que me abrieron paso

hacia las escaleras.

 

Miré a mi alrededor

y ya no había noche,

miré en mi corazón

y las entonaciones

de todos los peldaños

compusieron un himno

por el cual me llevaron

mis pies tras de mi sitio.


EN ESTA ENCRUCIJADA

                        “La vida

                        es un camino,

                        una sola vía,

                        pero con muchos sentidos”

 

                1

Aquí, donde me encuentro,

en esta encrucijada

entre otro sufrimiento

o un estado de calma,

donde inclinarme puedo

al lado que me plazca

con cualquier movimiento

posible que yo haga

O dejo que un deseo

impregne mi sustancia

y aparezca un reflejo

de luz distorsionada

con  ímpetu de garras,

o mi sitio mantengo

en su propia luz clara

y continuo creciendo

desde mis coordenadas.

De mi error me lamento

en mi desesperanza,

porque un día lo acepto

y al otro me desgarra,

mientras no me mantengo

con firmeza y templanza

tras lo que espero.

 
                2

Como un ave de presa

de acerado plumaje

que altiva sobrevuela

los fríos invernales

sin que nadie la vea

por su camuflaje,

y que se lanza presta,

sin llegar nunca tarde,

a una lid tan ligera

que jamás se sustrae

la sorprendida presa.

 
                3

A un poste cada mano

se encuentra encadenada.

Mejor defensa no hallo

que una vida olvidada,

sin ilusos espasmos

de antiguas esperanzas.

Sé que como cada año

me clavará sus garras

en mis maltrechos flancos

y, mientras me desgarran,

Agonizaré en vano.

Cuando las nieves caigan,

de nuevo encadenado,

me veré en la montaña

del ayer fracasado-

 
                4

Prevenirse contra ella,

Tarea es complicada.

Desde tan alto acecha,

que se vuelve confiada

la que será su presa,

mientras bebe las aguas

saltarinas y frescas

o tendida descansa,

en la curva vereda,

bajo las sombras altas...

 
                5

Cuando la dicha llama

insistente a la puerta

y la ventura gana

mi atención salaciega,

distraída la guardia,

retornan los problemas.

La nota tonal sana

que tengo como seña

otra vez naufraga

en el mar de mis penas.

Así regreso a casa,

cargado de miserias;

por el clamor de mi alma

por recobrar su esencia,

invernales heladas

vienen y contrarrestan

lo que no controlaba.


 MIENTRAS QUE NO AMANEZCA

Vivo entre apariencias.

De mí toman sustancia

sin que me dé cuenta,

luces distorsionadas

que confundirme intentan;

con su luz refractada

alumbran la vereda

por la que mi mirada

entre sombras me lleva

camino de la nada,

bajo la árida tierra

en una noche clara...

Mientras que no amanezca.



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