IMAGINERÍA POÉTICA
¡OH, SEÑOR!
Cuando se hace de madrugada
y se intensifica el silencio,
se quedan a solas las almas
sintiendo la aridez del cuerpo,
y se escucha una voz que clama
su sed de vida en el desierto;
entonces, ¡oh Señor!, sentimos
tu Poder, que todo lo cambia,
hasta hacernos Uno contigo.
IMAGINERIA SEVILLANA
La expresión de Dios se plasma sobre la madera
paseando por las calles y plazas de Sevilla,
donde el hombre cinceló su estampa imaginera
con la misma dulzura con que El moldeó la arcilla.
Tierra de manos creadoras de naturaleza,
de obras tocadas con los dones de su hacedor,
arrebatadas por la primigenia belleza
de todo lo concebido, gracia de su Amor.
Como el Padre le dio al Hijo su Divinidad,
permitiendo que igualara substancia y esencia,
el hombre le da a la madera su humanidad,
permitiendo que un trozo de divina creación
nos cuente el momento supremo de la trascendencia,
sacando a las calles de Sevilla la Pasión...
EL TALENTO DE LAS MANOS
El Verbo, que era antes de que el mundo fuese creado,
por quien y para quien todo fue hecho, su Amor mostró
confundiéndose con los hombres, sin ser notado
sino por los frutos que a todos les repartió...
Y cada uno recibió el propicio talento
para darle ese toque de humana perfección
al trabajo con el que lograse su sustento;
el imaginero, que plasmase la pasión
sintiendo cómo Cristo sus palabras cumplía
junto al bullicio que se admira al verlo pasar,
“yo estaré con vosotros hasta el último día”.
HUMANA ASPIRACION
La imagen demuestra su sagrada aspiración
tal como Cristo nos mostró su Divinidad
al derramar la viva Luz de su compasión
enseñando a hacer divina la humanidad,
así llama la imagen a nuestros corazones,
devolviendo a la vida lo que estaba dormido,
despertando las contemplativas emociones
de lo que antes fue nuestro y cayera en el olvido.
IMPRESIÓN DIVINA
¡Cuántas figuras representan tu dolor,
haciendo hincapié cada una en un sutil destello
de toda la amplia naturaleza de tu Amor,
dejando en cada detalle tu divino sello!
Si tu pasión y muerte pudiéramos haber
presenciado, yendo humildes siguiendo tus pasos,
cada pupila habría podido retener
una impresión de las que aparecen en tus pasos,
Por las calles de Sevilla,
Dios ha salido a pasear,
enseñándonos la forma
en la que se debe amar;
con sus gestos maravilla
a quien los sabe mirar
y su entrega reconforta
a quien la sabe catar...
EL BULLICIO
El dúctil bullicio se arremolina,
por un trecho, caminando a tu ritmo,
y por tus ojos miran,
de verse tal como son, sorprendidos.
Sus manos alzan, queriendo tocar
tu manto,
porque, de sus males, quieren quedar
sanados,
y sus bocas murmuran
alguna oración,
llenas de desolación y amargura,
deseando recibir tu compasión.
ENTONCES SE QUIEN SOY
Cuando me olvido de todas las cosas ajenas,
parándome tan sólo en lo común que tenemos,
cuando no me detengo a recordar tantas penas
como en mi zurrón llevo,
tan cargado de miserias
que continuar no puedo;
cuando me alivio de tanto peso innecesario,
dolientes quedan mis manos por la estéril carga
y se alivian con las corrientes del campanario,
cuyo frescor despeja
los pliegues de mi cara,
aventada a los vientos...
Entonces, por encima de todo lo demás,
sé quién soy, la Presencia innata que me recuerda
que no debo volver a olvidarme de ella más.
LA VACÍA MANO ABIERTA
Hoy, ¡oh Señor!, he pasado
junto a ti sin darme cuenta
de que estabas a mi lado,
en la vacía mano abierta
que en el aire desplazabas
buscando estrechar la mía,
en la oscura madrugada...
¡Tan ciego, no te veía!
Hoy he pasado a tu vera,
sin ser capaz de mirarte
y de recorrer tu senda;
hoy he vuelto a extraviarme.
¡PERDÓNAME, OH SEÑOR!
¡Perdóname, oh Señor!,
que, sabiendo lo que hacía,
tres veces contra tu Amor
he pecado en este día.
Disculpa halla el ignorante
en su desconocimiento;
mas quien a ti te escuchare,
tu palabra comprendiendo,
hace triple su pecado
y triplifica su pena.
A tus pies arrodillado,
ruego por mis miserias...
¡Perdóname, oh Señor!
que mucho llevo perdido
y adeudado con tu Amor,
obrando mal y sin tino.
AVERGONZADO ME ESCONDO
Avergonzado me escondo.
Quisiera huir de tus ojos,
porque otra vez he caído,
con un miembro dolorido;
no mantuve tu Presencia
fijamente en mi consciencia
y, por tanto, he caído
de tu Bien desasistido.
Aunque quisiera esconderme,
contigo me topo siempre,
de modo que, compungido,
ante tus pies me inclino.
¡OH SEÑOR, DETÉN TU MANO!
¡Oh Señor, detén tu mano!
Para mí, nada te pido
que no pague con mi esfuerzo.
A tu justicia, yo aspiro
y tenerla es mi deseo.
Pidiéndola, alzo mi voz;
no te fijes en las deudas
contraidas con tu amor,
que desvirtúan mi ofrenda.
¡Oh. Señor, solo te pido
que contemples mi trabajo;
si de tu aprecio es digno,
entonces detén tu mano!
ASPIRACION
1
Mis sentidos dejo atrás
cuando entro en esa intensidad,
que me los deja tan yertos
que no puedo encontrar otro consuelo
que con tus ojos mirar
y ver a lo que ciego está mi cuerpo.
2
Cuando la casa queda en silencio
y la oscuridad llena mi aposento,
se abre la puerta:
llevado por una inspiración.
dejo atrás todo objeto de pasión
y la luna nueva.
La escalera tendida a mis pies
pide ser recorrida otra vez.
Alguien me observa;
aunque no lo pueda ver, no me importa
pues su mano amiga me reconforta
y mi ser se entrega.
3
Recogido en mi aposento,
en la intimidad de mi alma,
a tu espíritu me entrego
cantando tus alabanzas.
Dentro de esta soledad,
todo permanece quieto
y ninguna iniquidad
me viene con sus derechos,
porque, estando en oración,
en tu Presencia me encuentro,
que entras en mi corazón
hablándome en el silencio.
AQUIÉTATE
Aquiétate.
Que la satisfacción de tus deseos
no consuma tu tiempo:
procúrale cada día a tu cuerpo
el debido alimento,
mas, contra sus exigencias, aquiétate.
Libérate.
Pusilánime, no seas su esclavo,
no vayas de su mano,
siempre, por su satisfacción, pagando
con un mayor cansancio;
de tanto vanal capricho, libérate.
Aquiétate.
Impón el debido orden en el templo,
que fluya con esmero
todo cuanto resulte necesario
para que esté cuidado,
y antes de purificarte, aquiétate.
Purifícate.
Enciende los fuegos para la ofrenda
y entrega de ti mismo
lo que en ningún sitio
se mercadea,
si está cuidado y limpio.
De tus viejos errores, purifícate.
Con los fuegos divinos,
limpia, consume y disuelve las manchas
que tiene tu vestido
sin costuras, hilado con luz blanca.
Purifícate.
Y entrégate,
que tienes al alcance de la mano
su cálido contacto,
y un alto precio no habrás pagado
si el velo has traspasado.
Ve, ábrele a su Presencia y entrégate.
EN TU PRESENCIA
I
¿Cómo puedo llegar a tu Presencia,
cómo puedo permanecer en ella?
Tal como si fuera un rompecabezas,
me vas dando las piezas
que ordenadas son la clave tonal
de esa intensidad
donde la amorosa unión se produce,
apagando otras luces.
Tu llave le quita a las apariencias
su ropaje virtual
y deja florecer la experiencia,
volviendo , lo agrio, dulce.
2
El gusto con que me atraes y que tengo
por todas esas cosas
que en tu compañía voy descubriendo,
deviene de tal forma
que, sin saber, todo se va mutando,
desde lo más pequeño
-néctares del rocío de tus manos,
que siembras con esmero-
hasta el racimo de uvas jugosas
que le dan al sediento
ese solaz momento de descanso.
3
¡Oh, Dulzura! que me llegas
como medular caricia,
encendiendo siete fuegos
con tu amorosa alegría.
TRES MOTIVOS
ALQUIMIA SAGRADA
Es la alquimia del canasto,
luminosa belleza aquilatada,
rendida bajo tus pies,
oro de la madrugada,
fruto de tu Gran Poder,
tu victoria sobre nuestros pecados.
¡Oh, así quiero que mudes mi cuerpo,
que pueda servirte fiel
sin caerme tres veces en cada intento!
CLAVELES ROJOS
El rojo de la regeneración,
como un clavel de fuego,
separa lo que al mundo pertenece,
impidiéndole el paso
hasta donde tu presencia de Amor
irradia y resplandece,
primorosa figura del misterio
que nos has revelado.
TUNICA VIOLETA
La túnica que camino del calvario
te reviste, es violeta.
La meces suavemente,
impulsada por tu amorosa fuerza
al ritmo de tus pasos...
como el fuego que las faltas disuelve.
NO QUIERO QUE PODAIS RECONOCERME
No quiero que podáis reconocerme
cuando gozo de Dios,
porque mi ser se entrega dulcemente
llevado de su Amor,
en ese sublime instante fugaz
en el que el tiempo se para,
dejándome sentir la intensidad
que su Presencia derrama...
No quiero que podáis reconocerme
durante ese momento
en el que mi Esperanza me trasciende
mientras a El me entrego...
Porque, si pudierais reconocerme,
en su Luz no estaría,
sino que a cuanto al mundo concierne
le pertenecería.
CONSERVAR TUS PALABRAS
Conservar tus palabras,
no sé, pues fácilmente se me olvidan.
¿Diligencia me falta?
No, es otra cosa aún más esquiva.
¿Me falla la atención?
No, ya que las tomo con mucho amor.
Entonces, ¿por qué, tras tanta labor,
no conservo preciosa tu instrucción?
¿Será que no tienen tanta importancia
las palabras, sino cómo las viva?
AL SEÑOR DEL GRAN PODER
Por el gentío, la plaza, hirviente,
como si a Pilatos, esperasen,
entre murmullos fervientes
y voces de rapaces.
Algunas hojas, indennes al tiempo,
caen, interpretando la fugaz danza
de tristes corazones pendencieros.
Impulsa la campana
unas manos de hielo,
dichosa remembranza,
que, cual gota de agua, un tañido,
ondulante, va sembrando el silencio.
Los pesados cerrojos se desplazan,
expectantes, los ojos se levantan
y, aunque miran al frente,
hasta el cielo ascienden.
En el portal está la Cruz de Guía,
con fuerza sostenida,
cargando con el peso de las miradas
que en ella se clavan.
Los vientos, respetuosos, se aquietan,
desde las nubes, se asoman las aguas,
la tierra pulsa bajo las sandalias
que caminan serenas.
Las túnicas, del Padre, les recuerdan,
su largo retorno al hogar, negras,
como noche inmaculada de estrellas,
empedrado camino
que cruza el infinito.
El silencio florece en oraciones
-las voces, mudas, las bocas, abiertas-
hechas con latidos de corazones
y sortijas de esparto,
que levantan ofrendas
de cálices amargos.
No llevan ni cerillas ni farolas
que les alumbren, solo antorchas
prendidas en sus blancos corazones,
enceran sus figuras bienhechoras
con las samaritanas compasiones
y con la fortaleza de la roca.
Descalzos, los pies, por la escalera,
sangrantes, comparten el sacrificio,
heridos, por las arrojadas piedras,
ascienden , acompañando a Cristo.
Con rítmico esfuerzo, al compás,
suben, a la señal, sobre sus hombros,
la contenida Majestuosidad
del Señor Amoroso,
que con su Gran Poder de Voluntad
les hace, del peso, liviano gozo.
“Yo Soy”, arrepentidos penitentes,
“el Camino”, avanzan doloridos,
“la Verdad”, dejando cuanto han creido,
“y la Vida”, por aquello que sienten,
“la Luz que ilumina a este mundo”.
“Hágase en mí”, Señora Inmaculada,
“según tu palabra”,
sin pecado hallada,
del Mayor Dolor fuiste traspasada,
Madre Adorada.
COMO UN INJERTO DE TU AMOR
1
Cuando, como a una margarita,
los pétalos quitándole, me pruebas,
dejándome sin cosa que me sostenga,
una sola me queda, que no es mía,
sino que es el injerto
con el que me elevaste.
Nada mío conservo;
todo me lo quitaste.
Aquello que tanto estimaba,
los aires del olvido lo barrieron
y lo que tanto sudor me costara
está ajado y roto por el tiempo...
cuando miro hacia atrás, las cenizas del duelo
aún me hacen llorar,
si en mis ojos las llevo.
La savia de este viejo árbol,
verdecido por tu gratuita gracia,
la frescura del agua ha recobrado
para sanar la herida de mi infancia,
dejando que se sequen
las otras cuatro ramas,
pues tu injerto requiere
gratitud dedicada.
2
Que en mí fructifiques, es mi esperanza;
que el niño crezca, mi felicidad.
Pues, si asentar tu injerto yo lograra,
cosa alguna precisaría más,
que todo lo tendría
en lo que tu me das,
ya que conocería toda tu potestad.
Si de ti me aparto, a ti regreso.
Aunque las cosas externas me atraen
y hallo placer en su conocimiento,
en tu Amor hallo mi mayor consuelo,
que perdonas mis faltas
en cuanto me arrepiento
y siempre me apuntalas con tu discernimiento.
Bienaventurado soy a tu lado,
porque sabes aliñar mi esperanza
con un gusto que sea de tu agrado
en cada una de las circunstancias
que se van presentando,
dándoles el sabor
que sea necesario
para tener tu amor.
UNA QUE SON TRES
Si la Luz que ha creado cuanto existe,
es perfecto Poder
que manifiesta cuanto el Padre dice,
por obra de la Fe.
Si la Luz ha creado cuanto existe,
también es perfecta Sabiduría
que todo lo sostiene
donde estar le conviene.
Si la Luz ha creado cuanto existe
en perfecta inteligencia,
cumplida diligencia,
de divino Amor también vestiría.
Pues, siendo una, en verdad son tres,
la Caridad, la Esperanza y la Fe,
aunque también es verdad que la Fe
comprende a las tres.
OFRENDA
Esta ofrenda que te elevo
brota como una oración
hecha de ensartados versos
en el rosario de Amor
que siempre fue tu Evangelio.
La humildad del penitente
postrado, habla a su favor;
ninguna otra virtud tienen
que merezca tu atención,
para que seas tan paciente.
Mas, con la humildad del pobre,
a tus pies te los presento,
rogando que los valores
según lo poco que tengo.
Cuando se hace de madrugada
y se intensifica el silencio,
se quedan a solas las almas
sintiendo la aridez del cuerpo,
y se escucha una voz que clama
su sed de vida en el desierto;
entonces, ¡oh Señor!, sentimos
tu Poder, que todo lo cambia,
hasta hacernos Uno contigo.
IMAGINERIA SEVILLANA
La expresión de Dios se plasma sobre la madera
paseando por las calles y plazas de Sevilla,
donde el hombre cinceló su estampa imaginera
con la misma dulzura con que El moldeó la arcilla.
Tierra de manos creadoras de naturaleza,
de obras tocadas con los dones de su hacedor,
arrebatadas por la primigenia belleza
de todo lo concebido, gracia de su Amor.
Como el Padre le dio al Hijo su Divinidad,
permitiendo que igualara substancia y esencia,
el hombre le da a la madera su humanidad,
permitiendo que un trozo de divina creación
nos cuente el momento supremo de la trascendencia,
sacando a las calles de Sevilla la Pasión...
EL TALENTO DE LAS MANOS
El Verbo, que era antes de que el mundo fuese creado,
por quien y para quien todo fue hecho, su Amor mostró
confundiéndose con los hombres, sin ser notado
sino por los frutos que a todos les repartió...
Y cada uno recibió el propicio talento
para darle ese toque de humana perfección
al trabajo con el que lograse su sustento;
el imaginero, que plasmase la pasión
sintiendo cómo Cristo sus palabras cumplía
junto al bullicio que se admira al verlo pasar,
“yo estaré con vosotros hasta el último día”.
HUMANA ASPIRACION
La imagen demuestra su sagrada aspiración
tal como Cristo nos mostró su Divinidad
al derramar la viva Luz de su compasión
enseñando a hacer divina la humanidad,
así llama la imagen a nuestros corazones,
devolviendo a la vida lo que estaba dormido,
despertando las contemplativas emociones
de lo que antes fue nuestro y cayera en el olvido.
IMPRESIÓN DIVINA
¡Cuántas figuras representan tu dolor,
haciendo hincapié cada una en un sutil destello
de toda la amplia naturaleza de tu Amor,
dejando en cada detalle tu divino sello!
Si tu pasión y muerte pudiéramos haber
presenciado, yendo humildes siguiendo tus pasos,
cada pupila habría podido retener
una impresión de las que aparecen en tus pasos,
Por las calles de Sevilla,
Dios ha salido a pasear,
enseñándonos la forma
en la que se debe amar;
con sus gestos maravilla
a quien los sabe mirar
y su entrega reconforta
a quien la sabe catar...
EL BULLICIO
El dúctil bullicio se arremolina,
por un trecho, caminando a tu ritmo,
y por tus ojos miran,
de verse tal como son, sorprendidos.
Sus manos alzan, queriendo tocar
tu manto,
porque, de sus males, quieren quedar
sanados,
y sus bocas murmuran
alguna oración,
llenas de desolación y amargura,
deseando recibir tu compasión.
ENTONCES SE QUIEN SOY
Cuando me olvido de todas las cosas ajenas,
parándome tan sólo en lo común que tenemos,
cuando no me detengo a recordar tantas penas
como en mi zurrón llevo,
tan cargado de miserias
que continuar no puedo;
cuando me alivio de tanto peso innecesario,
dolientes quedan mis manos por la estéril carga
y se alivian con las corrientes del campanario,
cuyo frescor despeja
los pliegues de mi cara,
aventada a los vientos...
Entonces, por encima de todo lo demás,
sé quién soy, la Presencia innata que me recuerda
que no debo volver a olvidarme de ella más.
LA VACÍA MANO ABIERTA
Hoy, ¡oh Señor!, he pasado
junto a ti sin darme cuenta
de que estabas a mi lado,
en la vacía mano abierta
que en el aire desplazabas
buscando estrechar la mía,
en la oscura madrugada...
¡Tan ciego, no te veía!
Hoy he pasado a tu vera,
sin ser capaz de mirarte
y de recorrer tu senda;
hoy he vuelto a extraviarme.
¡PERDÓNAME, OH SEÑOR!
¡Perdóname, oh Señor!,
que, sabiendo lo que hacía,
tres veces contra tu Amor
he pecado en este día.
Disculpa halla el ignorante
en su desconocimiento;
mas quien a ti te escuchare,
tu palabra comprendiendo,
hace triple su pecado
y triplifica su pena.
A tus pies arrodillado,
ruego por mis miserias...
¡Perdóname, oh Señor!
que mucho llevo perdido
y adeudado con tu Amor,
obrando mal y sin tino.
AVERGONZADO ME ESCONDO
Avergonzado me escondo.
Quisiera huir de tus ojos,
porque otra vez he caído,
con un miembro dolorido;
no mantuve tu Presencia
fijamente en mi consciencia
y, por tanto, he caído
de tu Bien desasistido.
Aunque quisiera esconderme,
contigo me topo siempre,
de modo que, compungido,
ante tus pies me inclino.
¡OH SEÑOR, DETÉN TU MANO!
¡Oh Señor, detén tu mano!
Para mí, nada te pido
que no pague con mi esfuerzo.
A tu justicia, yo aspiro
y tenerla es mi deseo.
Pidiéndola, alzo mi voz;
no te fijes en las deudas
contraidas con tu amor,
que desvirtúan mi ofrenda.
¡Oh. Señor, solo te pido
que contemples mi trabajo;
si de tu aprecio es digno,
entonces detén tu mano!
ASPIRACION
1
Mis sentidos dejo atrás
cuando entro en esa intensidad,
que me los deja tan yertos
que no puedo encontrar otro consuelo
que con tus ojos mirar
y ver a lo que ciego está mi cuerpo.
2
Cuando la casa queda en silencio
y la oscuridad llena mi aposento,
se abre la puerta:
llevado por una inspiración.
dejo atrás todo objeto de pasión
y la luna nueva.
La escalera tendida a mis pies
pide ser recorrida otra vez.
Alguien me observa;
aunque no lo pueda ver, no me importa
pues su mano amiga me reconforta
y mi ser se entrega.
3
Recogido en mi aposento,
en la intimidad de mi alma,
a tu espíritu me entrego
cantando tus alabanzas.
Dentro de esta soledad,
todo permanece quieto
y ninguna iniquidad
me viene con sus derechos,
porque, estando en oración,
en tu Presencia me encuentro,
que entras en mi corazón
hablándome en el silencio.
AQUIÉTATE
Aquiétate.
Que la satisfacción de tus deseos
no consuma tu tiempo:
procúrale cada día a tu cuerpo
el debido alimento,
mas, contra sus exigencias, aquiétate.
Libérate.
Pusilánime, no seas su esclavo,
no vayas de su mano,
siempre, por su satisfacción, pagando
con un mayor cansancio;
de tanto vanal capricho, libérate.
Aquiétate.
Impón el debido orden en el templo,
que fluya con esmero
todo cuanto resulte necesario
para que esté cuidado,
y antes de purificarte, aquiétate.
Purifícate.
Enciende los fuegos para la ofrenda
y entrega de ti mismo
lo que en ningún sitio
se mercadea,
si está cuidado y limpio.
De tus viejos errores, purifícate.
Con los fuegos divinos,
limpia, consume y disuelve las manchas
que tiene tu vestido
sin costuras, hilado con luz blanca.
Purifícate.
Y entrégate,
que tienes al alcance de la mano
su cálido contacto,
y un alto precio no habrás pagado
si el velo has traspasado.
Ve, ábrele a su Presencia y entrégate.
EN TU PRESENCIA
I
¿Cómo puedo llegar a tu Presencia,
cómo puedo permanecer en ella?
Tal como si fuera un rompecabezas,
me vas dando las piezas
que ordenadas son la clave tonal
de esa intensidad
donde la amorosa unión se produce,
apagando otras luces.
Tu llave le quita a las apariencias
su ropaje virtual
y deja florecer la experiencia,
volviendo , lo agrio, dulce.
2
El gusto con que me atraes y que tengo
por todas esas cosas
que en tu compañía voy descubriendo,
deviene de tal forma
que, sin saber, todo se va mutando,
desde lo más pequeño
-néctares del rocío de tus manos,
que siembras con esmero-
hasta el racimo de uvas jugosas
que le dan al sediento
ese solaz momento de descanso.
3
¡Oh, Dulzura! que me llegas
como medular caricia,
encendiendo siete fuegos
con tu amorosa alegría.
TRES MOTIVOS
ALQUIMIA SAGRADA
Es la alquimia del canasto,
luminosa belleza aquilatada,
rendida bajo tus pies,
oro de la madrugada,
fruto de tu Gran Poder,
tu victoria sobre nuestros pecados.
¡Oh, así quiero que mudes mi cuerpo,
que pueda servirte fiel
sin caerme tres veces en cada intento!
CLAVELES ROJOS
El rojo de la regeneración,
como un clavel de fuego,
separa lo que al mundo pertenece,
impidiéndole el paso
hasta donde tu presencia de Amor
irradia y resplandece,
primorosa figura del misterio
que nos has revelado.
TUNICA VIOLETA
La túnica que camino del calvario
te reviste, es violeta.
La meces suavemente,
impulsada por tu amorosa fuerza
al ritmo de tus pasos...
como el fuego que las faltas disuelve.
NO QUIERO QUE PODAIS RECONOCERME
No quiero que podáis reconocerme
cuando gozo de Dios,
porque mi ser se entrega dulcemente
llevado de su Amor,
en ese sublime instante fugaz
en el que el tiempo se para,
dejándome sentir la intensidad
que su Presencia derrama...
No quiero que podáis reconocerme
durante ese momento
en el que mi Esperanza me trasciende
mientras a El me entrego...
Porque, si pudierais reconocerme,
en su Luz no estaría,
sino que a cuanto al mundo concierne
le pertenecería.
CONSERVAR TUS PALABRAS
Conservar tus palabras,
no sé, pues fácilmente se me olvidan.
¿Diligencia me falta?
No, es otra cosa aún más esquiva.
¿Me falla la atención?
No, ya que las tomo con mucho amor.
Entonces, ¿por qué, tras tanta labor,
no conservo preciosa tu instrucción?
¿Será que no tienen tanta importancia
las palabras, sino cómo las viva?
AL SEÑOR DEL GRAN PODER
Por el gentío, la plaza, hirviente,
como si a Pilatos, esperasen,
entre murmullos fervientes
y voces de rapaces.
Algunas hojas, indennes al tiempo,
caen, interpretando la fugaz danza
de tristes corazones pendencieros.
Impulsa la campana
unas manos de hielo,
dichosa remembranza,
que, cual gota de agua, un tañido,
ondulante, va sembrando el silencio.
Los pesados cerrojos se desplazan,
expectantes, los ojos se levantan
y, aunque miran al frente,
hasta el cielo ascienden.
En el portal está la Cruz de Guía,
con fuerza sostenida,
cargando con el peso de las miradas
que en ella se clavan.
Los vientos, respetuosos, se aquietan,
desde las nubes, se asoman las aguas,
la tierra pulsa bajo las sandalias
que caminan serenas.
Las túnicas, del Padre, les recuerdan,
su largo retorno al hogar, negras,
como noche inmaculada de estrellas,
empedrado camino
que cruza el infinito.
El silencio florece en oraciones
-las voces, mudas, las bocas, abiertas-
hechas con latidos de corazones
y sortijas de esparto,
que levantan ofrendas
de cálices amargos.
No llevan ni cerillas ni farolas
que les alumbren, solo antorchas
prendidas en sus blancos corazones,
enceran sus figuras bienhechoras
con las samaritanas compasiones
y con la fortaleza de la roca.
Descalzos, los pies, por la escalera,
sangrantes, comparten el sacrificio,
heridos, por las arrojadas piedras,
ascienden , acompañando a Cristo.
Con rítmico esfuerzo, al compás,
suben, a la señal, sobre sus hombros,
la contenida Majestuosidad
del Señor Amoroso,
que con su Gran Poder de Voluntad
les hace, del peso, liviano gozo.
“Yo Soy”, arrepentidos penitentes,
“el Camino”, avanzan doloridos,
“la Verdad”, dejando cuanto han creido,
“y la Vida”, por aquello que sienten,
“la Luz que ilumina a este mundo”.
“Hágase en mí”, Señora Inmaculada,
“según tu palabra”,
sin pecado hallada,
del Mayor Dolor fuiste traspasada,
Madre Adorada.
COMO UN INJERTO DE TU AMOR
1
Cuando, como a una margarita,
los pétalos quitándole, me pruebas,
dejándome sin cosa que me sostenga,
una sola me queda, que no es mía,
sino que es el injerto
con el que me elevaste.
Nada mío conservo;
todo me lo quitaste.
Aquello que tanto estimaba,
los aires del olvido lo barrieron
y lo que tanto sudor me costara
está ajado y roto por el tiempo...
cuando miro hacia atrás, las cenizas del duelo
aún me hacen llorar,
si en mis ojos las llevo.
La savia de este viejo árbol,
verdecido por tu gratuita gracia,
la frescura del agua ha recobrado
para sanar la herida de mi infancia,
dejando que se sequen
las otras cuatro ramas,
pues tu injerto requiere
gratitud dedicada.
2
Que en mí fructifiques, es mi esperanza;
que el niño crezca, mi felicidad.
Pues, si asentar tu injerto yo lograra,
cosa alguna precisaría más,
que todo lo tendría
en lo que tu me das,
ya que conocería toda tu potestad.
Si de ti me aparto, a ti regreso.
Aunque las cosas externas me atraen
y hallo placer en su conocimiento,
en tu Amor hallo mi mayor consuelo,
que perdonas mis faltas
en cuanto me arrepiento
y siempre me apuntalas con tu discernimiento.
Bienaventurado soy a tu lado,
porque sabes aliñar mi esperanza
con un gusto que sea de tu agrado
en cada una de las circunstancias
que se van presentando,
dándoles el sabor
que sea necesario
para tener tu amor.
UNA QUE SON TRES
Si la Luz que ha creado cuanto existe,
es perfecto Poder
que manifiesta cuanto el Padre dice,
por obra de la Fe.
Si la Luz ha creado cuanto existe,
también es perfecta Sabiduría
que todo lo sostiene
donde estar le conviene.
Si la Luz ha creado cuanto existe
en perfecta inteligencia,
cumplida diligencia,
de divino Amor también vestiría.
Pues, siendo una, en verdad son tres,
la Caridad, la Esperanza y la Fe,
aunque también es verdad que la Fe
comprende a las tres.
OFRENDA
Esta ofrenda que te elevo
brota como una oración
hecha de ensartados versos
en el rosario de Amor
que siempre fue tu Evangelio.
La humildad del penitente
postrado, habla a su favor;
ninguna otra virtud tienen
que merezca tu atención,
para que seas tan paciente.
Mas, con la humildad del pobre,
a tus pies te los presento,
rogando que los valores
según lo poco que tengo.

